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Política y Sociedad

La normalización de la represión: Mohammad Marandi y la controversia de los latigazos

DW Persian•4 min read•1 oct 2026•Updated: hace 2d•REF: OPA-261001-W0T
La normalización de la represión: Mohammad Marandi y la controversia de los latigazos

Puntos Clave

  • Mohammad Marandi describió la sentencia de 74 latigazos como 'muy ligera' y 'no como azotar a un caballo' en una entrevista.
  • Los críticos argumentan que los defensores del régimen utilizan las 'diferencias culturales' para justificar abusos y blanquear la violencia estatal.
  • La controversia refleja un rechazo global creciente a los intentos del régimen de normalizar los castigos corporales como práctica judicial.
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Los recientes comentarios de Mohammad Marandi, profesor de la Universidad de Teherán y figura mediática de la República Islámica, sobre la sentencia de 74 latigazos impuesta a la cantante Parastoo Ahmadi han desatado una ola de críticas. En una entrevista con un podcaster libanés-australiano, Marandi intentó minimizar la gravedad del castigo corporal, alegando que los golpes son 'muy ligeros' y 'no como azotar a un caballo'. Esta trivialización de una sentencia judicial que implica violencia física ha sido condenada por defensores de los derechos humanos y el público en general, quienes ven en sus declaraciones un desprecio absoluto por la dignidad individual y la brutalidad de las medidas punitivas del Estado.

La retórica de Marandi es emblemática de una estrategia más amplia empleada por los defensores de la República Islámica en los medios internacionales. Al aprovechar su dominio de idiomas extranjeros y su familiaridad con la literatura del derecho internacional, estas figuras intentan a menudo reformular la represión estatal a través del prisma de las 'diferencias culturales' o la 'soberanía legal'. Durante su entrevista, Marandi buscó higienizar la imagen del poder judicial iraní, sugiriendo que tales castigos son meros procedimientos administrativos y no violaciones de derechos humanos. Los críticos sostienen que este enfoque es un esfuerzo calculado para manipular la percepción internacional, presentando una versión 'blanqueada' del régimen que oculta la realidad de la represión sistémica y las duras consecuencias que enfrentan disidentes, artistas y activistas dentro del país.

Históricamente, el uso de castigos corporales en la República Islámica ha sido objeto de un intenso escrutinio por parte de organizaciones internacionales de derechos humanos. Dichas sentencias se aplican frecuentemente a personas condenadas por delitos relacionados con la moralidad pública, la disidencia política o el activismo social. Esta práctica es criticada a menudo como una violación de las convenciones internacionales contra la tortura y los tratos crueles, inhumanos o degradantes. Al enmarcar estas acciones como una práctica judicial estándar, los apologistas del régimen intentan aislar al gobierno de la rendición de cuentas global, argumentando que las críticas occidentales se basan en una falta de comprensión de los marcos judiciales locales o la jurisprudencia islámica, desviando así la atención de las víctimas.

Esta controversia tiene profundas ramificaciones para el discurso sobre los derechos humanos en Irán. Para muchos, los comentarios de Marandi representan un intento de normalizar la violencia como herramienta de control estatal. La reacción del público y la comunidad internacional destaca una negativa creciente a aceptar la narrativa del régimen sobre el 'relativismo cultural' como justificación de los abusos contra los derechos humanos. Al minimizar el dolor y la humillación infligidos a ciudadanos como Parastoo Ahmadi, dicha retórica aliena aún más al régimen de su propia población y profundiza la brecha entre el Estado y aquellos que defienden las libertades fundamentales, los derechos civiles y el estado de derecho en Irán.

De cara al futuro, los analistas sugieren que el 'blanqueo' de la violencia estatal seguirá siendo un campo de batalla central en la guerra de información entre la República Islámica y sus críticos. A medida que el régimen enfrenta una presión creciente, el papel de las figuras mediáticas en la formación de la opinión internacional se vuelve más crítico. Sin embargo, la reacción contra los comentarios de Marandi indica que la audiencia internacional se está volviendo cada vez más experta en identificar y rechazar estas narrativas. El futuro de este discurso probablemente implicará un examen más riguroso de la intersección entre la propaganda patrocinada por el Estado y la realidad objetiva de las violaciones de derechos humanos, mientras la comunidad global continúa exigiendo rendición de cuentas por el trato a los ciudadanos iraníes.

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Mohammad KaramaliStaff JournalistToronto, Canada

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